MundoKillo
103 de Diciembre 2008
 
¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero!
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Mi diario
28 de Octubre, 2006
Estado de ánimo Feliz
Pensaba q seria el peor cumpleaños d mi vida... xo x suerte no es asi...

os debo muxo, y a muy pokos!!

os amo xurrys!! gracias x hacerme tan feliz!!
Mi diario
19 de Julio, 2006
Estado de ánimo Feliz
La cancion del verano.
La gente se cree que la unificación de España la hicieron los Reyes Católicos. ¡Qué error más craso! La unificación de España la está consiguiendo King África. Me explico: tú entras en un bar y ves que aquello está que arde:
- Pues el Príncipe se tendrá que casar con quien le toque… y punto.
- Tío, tú eres gilipollas, el Príncipe que se case con quien le dé la gana.
Y el otro:
- ¡Eso! ¿Y si le da por casarse con Aramis Fuster? ¡A ver cómo metes esa cabeza en un sello!

Y cuando parece que se van a atizar, de repente suena: “¡¡¡Boooooooomba!!!” Y fin de la discusión… Todo el mundo bailando. Vamos, yo estoy seguro de que de repente suena en el Congreso “Bailarrrr, bailarrrrr, bailarrrr” y hasta Arzalluz y Mayor Oreja se ponen a hacer el peruano.

Yo creo que las canciones del verano tienen tanto éxito porque con el verano se reblandecen las cabezas y aguantamos un tipo de canciones que no soportaríamos en otra época del año. Ponte tú a cantar la Macarena en Semana Santa. Es que no pega: “Dale a tu cuerpo alegría nazareno, eiiii nazareno ¡¡¡amén!!!”

La verdad es que con todos los cerebros reblandecidos es muy fácil hacer una canción del verano, sólo hay que cumplir cinco reglas. La primera es coger una palabra cualquiera y repetirla muchas veces…. “Chocolate, chocolate, chocolate, chocolate choco pum… de canela, de canela, de canela de ca pum” No me negarán que esto es fácil. Porque, digo yo: ¿cuánto se puede tardar en escribir “El chiringuito, el chiringuito, el chiringuito, el chiringuito…”? A lo mejor en el primer “chiringuito” tardas seis horas… Pero después la cosa va rodada.

Bueno, y si encima no se entiende lo que dices, éxito seguro… “Uka, chaka, uka, uka, uka, chaka….” O la de El Puma: “Numerán, numerán, viva la numeración...” ¡Pues vale! O esa otra que dice: “Guachi meri counson, chupi pa’ ti, chupi pa’ mí… ¡Sopa de caracol!” ¿Chupi pa’ ti, chupi pa’ mí? Esto tiene que ser un sesenta y nueve. Sesenta y nueve… Ahora entiendo por qué El Puma dice “viva la numeración”… ¡El muy guarro!

Y, hablando de El Puma, la segunda regla: Una buena canción del verano tiene que tener animal: el tiburón, el gorila, los pajaritos… la lambada. ¡Sí, la lambada! Vale, la lambada no es un animal, pero bailándola te ponías hecho un burro. Y, además… la lambada en el título tiene la letra “b” que esto es otra cosa que ayuda mucho a que la canción sea un éxito: el cumBo, el mamBo, el BimBó, la BamBa, la BomBa… El Venao, todas con “B”.

La regla número tres: Tiene que tener baile. Pero ¡Cuidado! Como la gente con el calor está medio atontá y tiene la cabeza fofa, los bailes tienen que estar muy bien explicados: “Izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás, un, dos, tres” ¡Toma ya! Y Nacho Duato matándose a hacer coreografías para esto. O esta otra: “Una mané en la orejé y la otra mané en la rodillé de tu compañeré” Y luego dicen: “… que lo baile, que lo baile…” Pero, ¿cómo lo voy a bailar si parece el Gernika?

Claro, que para baile, el de la Macarena, que hasta Clinton lo utilizó en su campaña electoral… Aunque yo creo que la Macarena no triunfó por el baile, sino por el grito “¡Aaaaá!” Ese grito sacaba el garrulo que todos llevamos dentro, fue un regreso a Atapuerca. El grito de la Macarena se convirtió en un mantra. ¿Se acuerdan de aquella época? La gente se miraba y hacía “¡Aaaaá!” Ricos y pobres se miraban y “¡Aaaaá!” Monica Lewinsky entraba en el despacho oval y… “¡Aaaaá!”. Yo es que soy fan de Monica Lewinsky, me gusta todo lo que hace…

Y la quinta regla es que suena a todas horas por la radio… Que pongas la emisoria que pongas no se oiga otra cosa, que parece que han dado un golpe de estado. Otra forma de comprobar que ésa es la canción del verano es pillarle mucha manía y luego sorprenderte a ti mismo tarareándola mientras estás… yo que sé, operando a un paciente. La enfermera te dice:
- ¡Doctor, que se nos va! ¿Qué piensa hacer?
- ¿Yo? “Baila, baila, bailando va, baila, baila, bailando ¡eh!”

Pero, sobre todo, la canción del verano tiene que ser en castellano. Porque Georgie Dann, que es francés, canta en castellano. Rafaella Carrá, que es italiana, canta en castellano. Y King África, ¿qué es…? ¿De dónde coño es King África? Bueno, da igual, pero canta en castellano…

Si es que el idioma lo pone a huevo. ¿A ver en qué otro idioma rima calor con amor, playa con toalla y orilla con sombrilla? En ninguno. Por ejemplo, playa en noruego es fiordo. ¿A ver quién tiene cojones de rimar fiordo con toalla?
Mi diario
13 de Julio, 2006
Estado de ánimo Feliz
Hospitales.

A mí no me gusta estar enfermo, pero me encantan los hospitales, porque en los hospitales se descansa mejor que en ninguna parte. Y por eso, de vez en cuando, me gusta hacerme alguna avería. Nada serio, me rompo un brazo… Vamos, lo justo para que me den una camita y un mando a distancia.

Pero, para descansar a gusto, me voy a un hospital público, ¡de gratis! Porque, según el dicho, “Quien paga descansa”,pero quien no paga, descansa más.

Para empezar, en el hospital te puedes pegar todo el día en la cama. Vamos, que se enfadan si te levantas. ¡Y se respira una paz! Abres así los ojitos y todo lo más que oyes, son los quejidos del de la cama de al lado:
- Aaaaaaaah…Aaaaaaaah…Aaaaaah…

¡Si parece el sonido del mar! Y, además, como por mucho que se queje, nunca viene nadie… ¡Es el relax total!

Y por las mañanas, te traen el desayuno a la cama. ¡Y con unos detalles! Por ejemplo, sabes que no te vas a quemar con el café. Ya se preocupan ellos de que te llegue frío. Y con el bollo se esmeran: como no saben qué sabores te gustan, pues no le ponen ningún sabor, y así no se arriesgan. Además, ese bollo es fantástico, porque si no te gusta el café, tú metes el bollo dentro, y como está tan seco, se lo bebe él. Si es que está todo pensado.

¡Y es que en los hospitals… se come de puta madre!

Pero no me refiero a la comida que te ponen ellos, esa va directamente de la bandeja al váter sin pasar por mi cuerpo, sino a la que te traen los colegas de estrangis. Claro, cuando la enfermera te pregunta:
- ¿Qué tal la comida?
Tú le respondes:
- Estupendamente, señora, el jabugo estaba exquisito.
La tía se ríe creyendo que estás de cachondeo.

Y es que estar en un hospital sin tener nada serio es cojonudo. Están todo el día pendientes de tus necesidades: “¿has dormido?” “¿Has comido?” “¿has meado?” Y como no hayas meado… ¡te sondan! ¡Qué detalle! O sea, que si hace falta, entran ahí dentro a por la orina. Vamos, eso no te lo hacen ni en el mejor hotel de lujo. Pero esto es porque a los médicos les encanta meter cosas en los orificios. Para mí que el ombligo es la huella de algo que nos quiso meter el pediatra por un sitio equivocado.

Además, en los hospitales todo el mundo te trata con mucho respeto. Para empezar, como tú estás en pijama, los médicos van en bata, para que no te sientas violento. Y cada mañana llega un grupito de médicos, te rodea y empiezan a preguntarte cosas y a tomas notas, que parece que estás dando una rueda de prensa. ¡Que te sientes como Mar Flores: todo el mundo interesado por lo que pasa en tu cama!

Ésa es otra cosa cojonuda: ¡la cama! Esa cama mecano… Que tiene posturas en las que nunca te vas a poner: por ejemplo, esa postura en V. ¿Para qué? ¿Para pintarte las uñas de los pies? ¡Esa cama es para hacer el kamasutra! Tener una cama de éstas y no usarla para el sexo es como tener una muñeca hinchable y usarla de flotador.

Otra cosa maravillosa del hospital público es que no tienes que aguantar allí a la familia todo el puto día. Enseguida viene la enfermera, los echa, y te quedas allí como Dios. Y por si algún plasta se empeña en quedarse a pasar la noche, ponen un sillón de skay, que al día siguiente le tienen que ingresar de cervicales. ¡Por eso se quiere quedar la gente, nos ha jodido! ¡Para que los ingresen! ¡Por pura envidia!

Y si te aburres, te vas al pasillo, que es el sitio de más ambiente del hospital: allí todo el mundo va con su pijama del Insalud, arriba y abajo, como si fueran zombies. Que parece la Pasarela Cibeles. Vamos, los que van con el tacataca y el gotero parece que lleven un modelo de Ágatha Ruíz de la Prada.

Los hospitales son cojonudos. Aunque tengo que reconocer que me cuesta acostumbrarme a tanta comodidad. Si es que hasta te meten una cuña. Sí, una cuña… ese orinal futurista que te ponen para cagar tumbado.

No sé si lo han probado, pero es dificilísimo. Y a mí me gustaría aprender, porque debe de ser de un cómodo… No entiendo cómo por todos lados dan cursos de baile de salón y a nadie se le ha ocurrido organizar un máster para aprender a hacer esto. ¡Y es muy importante! ¡Requiere mucho talento! Cuando a alguien le den el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias deberían decirle:
- Mire, le vamos a entregar este premio, pero antes déjeme que le pregunte: ¿sabe usted cagar tumbado?

Pero si tuviera que elegir, lo mejor del hospital es el gotero. ¡Ah, el gotero, eso sí que es un invento! No entiendo por qué las cervecerías no copian el sistema. Podría ser como un teléfono manos libres, pero para beber cerveza. Vamos, que si lo ponen en el hospital, yo ya no saldría de allí.
Mi diario
11 de Julio, 2006
Estado de ánimo Feliz
A mi novia no le viene la regla Por Pablo Motos

¿Alguna vez han oído decir que cuando estás a punto de morir te pasa toda tu vida por delante? Pues no es el único momento... El otro día mi novia me dijo:
- Cariño, no me viene la regla...
Y yo les aseguro que en ese momento, todo, ¿eh?, pero el pasado y el futuro...
Me vi en una ranchera con cuatro niños yendo al híper. Ya sé que estas cosas pasan... ¡Pero que me pase a mí! ¡A mí!, que cuando me decían:
- Paco se ha casado de penalti.
Exclamaba:
- ¡Será gilipollas! ¡Con la cantidad de cosas que hay para que no te pase esto!

Sin ir más lejos la marcha atrás. Es mi método. Ya sé que me envidian. Yo es que soy partidario de lo natural, naturópata, vamos. Soy el Carlos Sainz de la marcha atrás. Un control, una pericia, una concentración... Lo que pasa es que hace dos semanas iba yo a mi marcha... Suave, suave, haciendo la tabla del diecisiete: "Diecisiete por uno diecisiete, diecisiete por dos treinta y cuatro...". ¡Claro!, ¡lo que sea antes que la eyaculación precoz!

Yo tengo una técnica infalible para esto: si veo que voy muy deprisa pienso: "Karmele, Karmele, Karmele..." Y me relajo. Y si veo que la cosa baja pienso: "Claudia Schiffer, Claudia Schiffer, Claudia Schiffer...". Y oye, ¡da gloria verme!

Bueno, como decía, iba yo a mi marcha, diecisiete por una diecisiete, diecisiete por dos treinta y cuatro y me llevo tres... Y en el momento clave a ella le dio la tos, y claro, empezó a agitarse y me rompió el ritmo. Yo controlo, ¡pero si ella se pone a improvisar! De todas maneras tiene que ser un retraso. Como mucho se me pudo escapar un espermatozoide, ¡dos todo lo más! ¡También sería casualidad que encontrasen el camino, con la oscuridad que tiene que haber allí!

El caso es que cuando ella te confiesa: "Todavía no me ha venido", te acojonas. Te acojonas tanto que no dices más que tonterías:
- A lo mejor te ha venido y no te has dado cuenta.
- A lo mejor tú te has vuelto imbécil y tampoco lo sabes.
En esas situaciones es cuando se demuestra que los tíos no tenemos ni idea. Nosotros confundimos el método Ogino, con el índice Nikkei:
- Oye tú estás segura de que has contado bien los días, mira que este año es bisiesto.
- Ya, en febrero, pero es que estamos en octubre.
- A lo mejor lo llevas arrastrando desde entonces.
- A ti sí que te arrastraban los huevos, que te da todo igual.
- Huy, qué borde estás. ¡Eso es que te va a venir!

Pero no le viene. Y tu vida cambia. Por la calle no ves más que embarazadas. Bueno, te cambia hasta el humor. Antes, cuando salían en televisión anuncios de compresas, hacías bromas. Ahora no. Ahora se hace un silencio en el salón, una tensión, un mal rollo... Sólo se oye: "Tun, tun, tun, tun, tun, tun, tun... uuuu iiii... ¿A qué huelen las nubes...?". ¿A qué huelen las nubes? ¡A Dodotis!

Estás tan nervioso que no puedes ni trabajar. La llamas cada cinco minutos:
- ¿Ya?
- ¡No! Y deja de llamar que me pones nerviosa.

Así es que te metes en Internet a buscar información. "A ver, regla punto com". Y te sale la Cofradía de la Virgen de la Regla con Rocío Jurado a la cabeza. "No, vamos a probar otra cosa... Retraso punto es". Y te sale Iberia. "Joder, cada vez vamos peor...". Y cuando desesperado pones "Penalti punto com" y te sale José María García... lo dejas. Y es que en Internet no se navega, se naufraga, porque nunca encuentras nada. Y la vuelves a llamar:
- ¿Ya?
- Que noooo, pesao.

Así es que te compras la revista "Ragazza", que has visto que viene un artículo que se llama "La regla, tu mejor amiga". "Vaya, por fin algo científico". Y lees: "El estrés y los nervios pueden retrasar la regla". "Pues ya está, voy a tranquilizarla", te dices. Y la llamas:
- ¿Dígame?
- Ommmmm...
- ¿Quién es?
- Te pesan los párpados...
- Pero tío, ¿tú estás tonto?
- Ommmmm... Imagínate una pradera, con pajaritos... pío, pío, pío... "¡Coño, me ha colgado! ¿Así como le va a venir la regla?... Si es que no colabora". Ya no sabes qué hacer.

Cuando llega a casa y llama a la puerta antes de abrirle le dices por el telefonillo:
- Cariño, ¿ya?, cariño, ¿ya?, cariño, ¿ya?
- ¡Quieres abrirme!
Cuando entras en casa con el Predictor en la mano, ella brama:
- Como salga el circulito, te la corto... ¡Carlos Sainz!
Por cierto ¿por qué se llama Predictor el Predictor? ¡Si no predice nada! Cuando sale el circulito ella ya está embarazada! Si fuese Predictor tendría que haberme avisado antes. Yo creo que en vez de Predictor se debería llamar Terminator.

¿Y lo lento que es? En esos diez minutos te acuerdas de todos los circulitos que han marcado tu vida: los ceros de Matemáticas, las albóndigas de la mili, el Círculo de Lectores, el condón que no te pusiste... Llega un momento en que estás tan nervioso que no quieres ni verlo, y te vas al salón a intentar relajarte: "Diecisiete por uno diecisiete, diecisiete por dos treinta y cuatro... Ommmm, pío, pío, pío... ¡Karmele, Karmele, Karmele!".

Menos mal que no salió el circulito. Y claro, con la alegría del momento... Nos liamos, nos liamos... Pero después del susto lo hicimos con condón. Porque, según el prospecto, un condón es muy seguro, tiene un 97 por cien de fiabilidad. Así que no hay problema, cuando lleve 97 kikis me lo cambio y ya está.
Mi diario
10 de Julio, 2006
Estado de ánimo Feliz
Cuando nos sentimos culpables(ECDLC)

¿Saben ustedes de qué viven las joyerías? Del sentimiento de culpa. Porque hay tíos que ponen los cuernos... Y como luego se sienten mal, acaban comprándole una joya a su pareja. Y es que eso de que el amor es el sentimiento que mueve el mundo no es verdad... Lo que mueve el mundo es el sentimiento de culpa.

Cuando uno nace, no sabe lo que es sentirse culpable... De pequeños, somos como Pinochet: tú puedes pasarte toda una tarde quemando hormigas con una lupa y te quedas tan tranquilo... no se te ocurre comprarles ninguna joya.

Pero esto dura poco. Porque el sentimiento de culpa es como los pelos del sobaco: naces sin ellos pero te van saliendo con el tiempo. Un día, alguien te pregunta:
- ¿Tú a quién quieres más: a tu papá o a tu mamá?
- Y como todavía no te han crecido pelos en el sobaco no piensas "¡Qué cabrón...!. Y sueltas:
- A mi mamá.
- Y se monta una...
- O sea, que no quieres a tu papá... ¿No te da pena?

Y te pasas toda la noche angustiado, imaginando que tu padre se suicida dándose cabezazos contra el televisor. Y tú te pones a rezar: "Por favor: que no se suicide mi papá, que no se suicide mi papá... que mañana ponen los Pokémon".

Y lo peor es que a medida que vas creciendo, el sentimiento de culpa crece contigo. Un día coges una cogorza, le vomitas el coche a un amigo... ¡Y aunque tú no quieras te sientes culpable!
- Manolo, no me encuentro bien... ¿Tienes una bols...? ¡Boooooarjjj! Joder, tío, perdona, me siento fatal.
- Coño, Josema, que el coche no es mío, es de mi padre. - Deja, Manolo, no intentes animarme, me jode igual...

Pero el sentimiento de culpabilidad no para de crecer. Llega una edad en la que te sientes culpable por todo. Estás sentado en el autobús, ves que sube una ancianita temblorosa. ¡Y se acabó lo de ir cómodamente sentado! Tienes que hacer todo el viaje con la cabeza retorcida, mirando por la ventanilla, haciendo como que no la ves... Que cuando llevas un rato piensas... "Hay que ver qué mal lo pasaban los egipcios! ¡Y qué poco respeto tenían por las abuelas!".

¿Y cuando sales del ascensor y ves que tu portera está fregando el portal? ¡Te sientes un cabrón por no ser capaz de levitar! E intentas atravesar aquello de puntillas. Que pareces la lagartija de National Geographic.

Menos mal que un día te das cuenta de que el sentimiento de culpa también es un arma... y decides utilizarla. Por ejemplo, para pedir un aumento de sueldo. Porque lo tuyo, más que un sueldo, parece un premio Nescafé: "Cien mil pesetas al mes para toda la vida". Así que te metes en el despacho del jefe y le dices:
- Don Amalio, nunca me he pedido una baja. Cuando se murió mi padre, lo enterré en domingo para no faltar. Y gano tan poco que tengo la nevera vacía...
Pero tu jefe, que te ve venir, contraataca:
- Hombre, Gutiérrez, parece mentira: ha tenido diez años para pedirme el aumento y elige justo un momento en que la empresa está en crisis, estamos en medio de una fusión y mi hijo ha suspendido cinco... Y, además, no se queje, que yo a mi padre lo tengo sin enterrar desde hace dos meses esperando a que la empresa se recupere.

En ese momento te sientes tan culpable que te dan ganas de decirle:
- Perdone, don Amalio, si quiere me llevo a su padre y lo meto en mi nevera... Así la lleno.

De todos modos, donde más se utiliza como un arma el sentimiento de culpa... es en la pareja. Los tíos, cuando queremos algo de ellas, nos ponemos malos...
- Chata, baja tú la basura que tengo acidez.

¿Qué tendrá que ver? Es como decir: "Chata, toca tú la guitarra que yo tengo caspa". Esto es lo que hacemos los tíos, pero lo de ellas es terrorismo emocional. Cuando quieren conseguir algo de un hombre... ¡lloran! Porque saben que eso nos desarma. Si ella quiere ir a ver la última de Russell Crowe, nunca dirá: "¿Vamos a ver la última de Russell Crowe?". No... eso no es femenino. Ella espera a que te sientes en el sofá con la cervecita y las zapatillas... Y cada vez que la miras pone cara de José Luis Perales. Hasta que le dices:
- ¿Te pasa algo, cariño?
- Nada...
- Mujer, como tienes esa cara...
- ¿Y qué cara quieres que ponga, si ya no me quieres?
- Oye, pero ¿por qué dices eso?
- Pues porque ya no salimos nunca, ni al cine, ni a ver películas de Russell Crowe ni nada.
En ese momento sientes como el gusanito de la culpa crece y crece hasta convertirse en Godzilla... Y te sientes el miserable más grande del mundo mientras ella llora hecha un ovillo en el sofá... Así que le dices:
- Venga, cariño, que le den al fútbol, vámonos ahora mismo al cine. Sólo te pido un favor: ¿nos podemos llevar al padre de mi jefe que lo tengo en la nevera y me da cosa dejarlo solo?
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